Ayer, la verdad, pasó lo que dije: fue un día de mierda.

El 13 fuimos a comer con los chicos a Estación 11. La comida, un lujo. Comimos a más no poder, después compramos helado y me dormí a la 1 de la mañana.

Al día siguiente, el 14, mi abuela me levantó para cortar el pasto. Mientras cortaba, largué un llanto. La extraño, pero no sé exactamente de qué manera la extraño. Y eso me descoloca.

Comí por compromiso, porque todavía estaba lleno de la noche anterior. A la siesta descargué y jugué al Slime Rancher 2. Muy buen juego. Igual pienso: ¿me criticarían? Un tipo de 1,90 y 130 kilos jugando a eso… pero bueno, es lo que me gusta.

Después le pregunté a Juan si quería tomar unos mates. Gracias a Dios dijo que sí y salí de casa. Fuimos a la Saladita y me compré un reloj, la verdad bastante lindo.

Cuando ya nos estábamos yendo, Eliseo nos dijo que nos pasaba a buscar. Nos levantó en la Plaza San Martín, dimos unas vueltas y dejamos a Juan en el gimnasio. Después de eso, la conversación se puso profunda.

Le conté que empecé la psicóloga, lo que hablamos en sesión y lo que tengo pensado hacer a futuro. Ella me recomendó mantener la mente ocupada y, en algún momento, barajar la posibilidad de hablar con M para tener una charla.

Hablando con Eliseo le planteé que, si esa conversación se llega a dar —ya sea porque yo le hablo o porque ella lo hace si su rutina vuelve a ser la misma que antes de vivir juntos— puede ir por dos caminos.

Un poco de contexto: antes de que viviéramos juntos, la vida de M era agotadora. Cursaba de 7:30 a 12:30, volvía a su casa y cocinaba para su mamá y, a veces, para sus sobrinos. Daba clases particulares de 15 a 18 algunos días, y si tenía suerte podía estudiar; si no, seguía ayudando en su casa. Además, no se llevaba bien con su madre. Muchas veces discutían. Ella me decía que se quería ir de ahí. Yo la saqué de ese lugar… pero supongo que fallé, porque tuvo que volver.

La conversación con M puede tener dos ramas: que sea el final definitivo, o que podamos intentar trabajar la relación de a poco. Pero, si se da lo segundo, siento que hay condiciones que deberían estar sobre la mesa.

Creo que ella tendría que hablar con mi abuela y con mi mamá —aunque sea por teléfono— para pedir disculpas. A mi abuela por haberme dejado en uno de los momentos más tristes que me vio en la vida, y a mi mamá por algo similar y por no haberle atendido el teléfono. Yo, por mi parte, también haría lo propio con quien ella me diga —seguramente su mamá, quizás su abuela—. Se lo dije a Eliseo y él me marcó que está bien, porque es admitir errores.

El problema es el tiempo. Y yo soy lo más ansioso que hay.

No sé qué me depara el futuro, pero tengo miedo. Miedo de que nadie me quiera ni me mire como lo hacía M. Y eso es lo que más me pesa.

A la noche jugué un CoD Zombies con Juan. Me ayudó a mantener la cabeza ocupada. Gracias, Juanc querido.

Mañana voy a jugar una LAN con los chicos. Ojalá sea una buena noche.