5 de la mañana. Hoy no me quejo del horario de sueño porque ayer me dormí a las 9. Después de volver de Nogoyá estaba fulminado (incluso me dormí en el viaje de vuelta, gracias Peke por buscarme, tkm).
El día empezó temprano. La tormenta me despertó a las 6:30. ¿Lo bueno? No soñé con M. Me quedé en la cama hasta las 8, me bañé y tomé unos mates con mi abuela (ella sabía que iba a Nogoyá, pero no a quién iba a ver, tkm Rosa Lila). Me vestí, pedí un taxi porque el colectivo salía 9:30 y salí de casa mientras caían japoneses de nuca. Llegué a la terminal y tuve que esperar unos 45 minutos más.
En la terminal me llamó la atención la mujer que limpiaba. Una señora de unos treinta y pico, lindos rasgos, pero con una expresión que decía que su trabajo no le gustaba demasiado. Lo que más me sorprendió fue que usaba botines de seguridad con punta de acero, brindados por la municipalidad, para estar todo el día trapeando. Entiendo el tema de la seguridad, pero me pregunté si no habrá un calzado más amable para alguien que pasa horas haciendo eso.
El viaje fue tranquilo. Llovía fuerte, pero el colectivero hizo los 45 minutos igual. Miré YouTube cuando había señal y cuando no, escuché música (gracias Horacio por poner en palabras lo que siento).
Llegué, tomé un remis y fui a lo de mi mamá, que estaba de adicional en ENERSA. En la casa estaban mis hermanas y Gustavo, su papá. Gustavo es un buen tipo, siempre dejó todo por sus hijas y también por mi hermano y por mí. Hace un tiempo terminaron con mamá, después de 17 años de relación con idas y vueltas, parcheando donde pinchaba. Ella sufrió, pero ahora están bien.
Tomamos mates mientras preparaban la comida. Me recosté un rato y después fui a ayudar a Maia con las milanesas. El menú: milanesas de pollo, fideos con pesto y repollo. Llegó mi hermano del laburo y comimos todos juntos.
Después salí afuera. Mamá y mi hermano me siguieron y ahí noté lo bien que se llevan, a pesar de todo. Mi hermano se fue y le pedí a mamá que camináramos un poco más lejos de la casa. Le conté lo que había pasado hace un tiempo. Se lo tomó con calma porque mi abuela algo le había adelantado (Rosa no sabía directamente, pero como es chusma vio unas cosas y se enteró; pensó que con M éramos irresponsables, pero no la juzgo).
Mamá cuestionó más que nada cómo se manejó el tema con los médicos. Yo no recordaba todos los detalles, así que no profundizó. Después me abrazó. Lloré, porque todavía extraño a M. Me dijo que todo pasa.
Volvimos a la casa a tomar mates. Tomé dos y les pedí si podía acostarme porque estaba muy cansado, no sé por qué. A las 7 de la tarde Peke me llamó para que le pase la ubicación. Llegó cinco minutos después con Juan y nos fuimos. No pasé por lo de mi hermano porque sabía que estaba cansado y quería dormir.
El viaje fue tranquilo. Tomé dos mates y me dormí casi todo el camino. Llegué, saludé a mi abuela y me acosté. Me ofreció mate, pero le dije que tomábamos cuando estuviera el partido (menos mal que no lo vi, jugaron del orto). Me dormí hasta las 4. Recuerdo haber soñado algo con M, pero no sé qué. Espero que haya sido algo lindo.
Mañana va a ser un día difícil por la fecha. Lo presiento. Pensaba en volver a agendar a Victoria, amiga de M, o a ella misma para ver los estados… pero ¿para qué hacerme ese daño? ¿Qué gano? ¿Y si veo algo que no tenía que ver? Voy a ver qué hago durante el día para mantener la cabeza ocupada. Encima tengo que limpiar el departamento. Espero que Peke me ayude.
Ojalá tenga ganas de escribir mañana.