La verdad es que estos días no ha pasado mucho. Pensé en M algunas veces, sobre todo en momentos donde nos reíamos o cuando me contaba el “lore” de las cosas. Extraño eso, si soy sincero. Pero bueno.

Cada vez veo más lejos la posibilidad de que volvamos a hablar. Supongo que el día que nos crucemos sabré cómo se dan las reacciones. La psicóloga me dijo que probablemente me ignore, “como hacen las mujeres” —palabras de ella—. Yo creo que, si llegamos a hacer contacto visual, seguro me tildo; y si me sale, la saludaré con la cabeza.

Hablé con Diego después de mucho tiempo sin contacto. Me dijo que iba a hablar con su padre y su tía para ver si pueden darme una entrevista de trabajo. Ojalá se dé.

No voy a rendir ninguna materia en este llamado. No he estudiado y, la verdad, tampoco tengo ganas. No es por tristeza; simplemente tengo la cabeza en otro lado: conseguir trabajo y pasar más tiempo con mi abuela.

La semana que viene seguramente empiece el gimnasio en Zeuz. Necesito un lugar nuevo donde enfocarme cinco días a la semana y ponerme en forma. Estoy muy pasado de peso y quiero cambiar eso.

Ese sería el resumen de estos días. Extraño a M. Espero que esté bien, que haya aprobado si rindió, que esté rodeada de sus amistades y que no pierda ese brillo que la caracterizaba. Ojalá algún día podamos cruzar una charla amena.

Por ahora las actualizaciones serán así, una o dos veces por semana. No sé si seguiré con esto, pero veremos.